
Los enamorados hacen tres cosas:
1) Decir que el sexo no es lo más importante para ellos
2) Hacerse promesas increíbles.
3) Elaborar todo tipo de planes hacía un brillante futuro.
Cuando se hacen planes con alguien amado uno puede imaginarse cualquier cosa menos que esos planes puedan realizarse con otra persona. Uno considera que cada promesa es única e inmortal, que la palabra empeñada vale más que el amor. Apenas decae el sexo (que tenía poca importancia), el resto se esfuma. Aquí aparece (como por encanto) un insignificante hombrecillo que sin alardes nos demuestra lo poco avispados que somos y lo vivo que es él.
Soñé contigo anoche. Soñé contigo con tanta intensidad que hoy tuve que preguntarle a mi memoria si lo que me apareció era real o sólo era un producto de mi deseo. Demasiado dolor para tan poca edad. Honestamente, no estoy segura si deba seguir intentando o no. Es estúpido esperar a alguien que sólo hiere, pero también lo es dejar ir a lo que alguna vez quise. Y si es cierto que has dejado de quererme, yo te lo pido por favor.... no me lo digas. No es que no extrañé, es que ya comprendí que no eramos el uno para el otro. La pregunta es: ¿Por qué no me dijiste que te habías tomado nuestra relación de otra manera? ¿Por qué no me lo advertiste? Te hubiera amado menos, te hubiera dado menos. Ahora estoy atada a vos y es un infierno, por eso decido alejarme ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario